19/6/09

LA DERECHA PIERDE SU OPORTUNIDAD


La encuesta CEP es el hito más comentado por el mundillo político en Chile. Si se analizan los principales resultados, coinciden en gran manera con lo que han mostrado otras encuestas que se han divulgado en estos días, con la excepción de la encuesta CERC que muestra resultados bastante lejos del 14% que obtiene Marco Enríquez-Ominami entre los inscritos.
Por tanto, con la confiabilidad que tiene la CEP podemos concluir que efectivamente el diputado ha sido capaz de levantar en muy poco tiempo un fenómeno electoral mediático, que no tiene parangones en la historia política chilena. Estamos en presencia de una revolución, que requiere reflexiones muy profundas respecto a los niveles de renovación de la clase política y a la conexión de ésta con el mundo real. La CEP le da a Frei el respiro y la inyección vitamínica que le permite hacerse cargo de estos tópicos y concentrar las fuerzas necesarias para comenzar la campaña de verdad exigiendo prontitud y disciplina en la conformación de la plantilla parlamentaria lo antes posible para hacer trabajo territorial.
Pero lo más asombroso de esta encuesta es Sebastián Piñera. Nunca antes la Alianza había tenido una confluencia de factores tan favorables para sus opciones presidenciales: una coalición gobernante con cuatro destacados ex militantes corriendo por afuera, y por tanto aspirando a llevarse un pedazo de la gran torta concertacionista. Una crisis económica de la que no se ve salida en el corto plazo, y que amenaza con disparar el desempleo a niveles similares a los de la Crisis Asiática. Y el elemento gravitante, por vez primera en 20 años, la Alianza había ganado una elección ante una coalición gobernante dividida, sin discurso y centrada en el cálculo más que en las propuestas.
Era el mejor de los momentos de Piñera, que enfrenta a un ex Presidente que terminó su gobierno con los más bajos niveles de popularidad que haya tenido la Concertación y al que supera en buena parte de los atributos. Según la encuesta, Piñera es más capaz que Frei para enfrentar la crisis, la delincuencia y el desempleo, que son los principales problemas de los chilenos. El discurso del cambio es suyo, como lo es el de la unidad, y el de la capacidad de la Alianza, por representar a un sector más pujante, de generar empleos y salir de la crisis económica.
Entonces ¿Por qué Piñera baja? ¿Por qué el candidato que parecía fácil de ganar le empata en segunda vuelta y con pronóstico muy reservado para nuestro tenaz empresario y postulante a La Moneda? Claramente en diciembre alcanzó su peak, cuando había tirado todos los argumentos que posee a la palestra pública, y el momento de inflexión de Piñera es el caso FASA-colusión de farmacias.
Convengamos que Piñera no tiene culpa alguna en este incidente. De cierta manera también fue perjudicado como accionista minoritario, y no tenía manera alguna de saber o influir en la administración de Farmacias Ahumada. Pero su actitud dubitativa, sus errores no forzados y en especial su compulsión por el mercado bursátil le jugaron una mala pasada electoral: la ciudadanía lo puso del lado de los grandes empresarios, quienes después de este caso, fueron vistos como un grupo cuyo único interés es obtener la máxima utilidad, a costa de lo que sea. Piñera pasó a ser visto como uno más de los tiburones.
No es esto un discurso anti empresarial, sino lo que dicen los números. No es casualidad que el 34% de los ciudadanos culpe de la crisis a los empresarios, mientras que sólo el 14% culpa al gobierno, quien finalmente tiene a su cargo las finanzas del país. Es demasiado para un país atribulado por la crisis, que necesita protección social y Estado, pasarle el aparato público a Piñera y sus amigos empresarios, aún cuando vean a éste más capaz que a Frei. Entre un jefe en el cuál confío y uno muy eficiente que me va a explotar más y pagar menos, no hay donde perderse.

*Carlos Correa es analista electoral. Imaginacción Consultores.

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